viernes, 31 de diciembre de 2010

Religión, misticismo, existencia del alma y vida después de la muerte, ateísmo y agnosticismo


Reflexionando...

La humanidad ha producido una amplia gana de religiones y creencias, a través del curso de las distintas épocas.

Pero de una u otra forma, a través del fenómeno de la reencarnación de las almas, a través de la idea de un mundo espiritual y mágico con su correspondiente inframundo, etcétera, etcétera, todas las religiones y aún muchas filosofías comparten la idea de que en algún sentido la vida humana consciente continúa incluso luego de lo que llamamos muerte, o sea luego de la desaparición de los signos vitales y luego de la descomposición o putrefacción del cuerpo.

Es inevitable: Una gran cantidad de seres humanos deseamos de todo corazón que exista algún tipo de eternidad para nuestras respectivas vidas conscientes, con las cuales nos identificamos.


Ríos de tinta se han escrito al respecto argumentando en pro o en contra de una u otra posición. Y entre estos textos, corresponde recordar en particular la obra "¿Por qué no soy cristiano?" del filósofo y activista social Bertrand Russell.

¿Por qué existen las religiones organizadas, y por qué todas las civilizaciones humanas han desarrollado ideas místico-religiosas?

La respuesta tal vez debe buscarse en la psicología humana.

Desde estas líneas no pretendemos por cierto abordar esta cuestión, cuando con tanta erudición y brillantez ya lo han hecho distinguidos pensadores de todos los tiempos.

Dejamos pues a cada quién reflexionar sobre este asunto, y como insumo le proporcionamos unos vídeos y unas referencias que bien vale la pena consultar.


Vídeo: Religión, una mentira confortable



Vídeo: Parodia sobre Abraham e Isaac, parodia del relato de Abraham en el que Dios le dijo que sacrificara a su hijo



Enlaces para ampliar información que se recomiendan

http://www.ateoyagnostico.com/

http://ateoyagnostico.blogspot.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Ate%C3%ADsmo

http://es.wikipedia.org/wiki/Agnosticismo


martes, 28 de diciembre de 2010

Restos o señales de la actividad de antiguos organismos: Los fósiles, partes de esqueletos, caparazones, conchas, y también impresiones carbonosas de plantas



Los hallazgos fósiles: Ciencia, mercantilismo, superstición

Los primeros hallazgos de restos fosilizados, han sido obra del azar.

Un movimiento sísmico que altera la estructura del suelo; la roturación de minas con fines industriales; la propia construcción de canales y vías férreas, o la simple apertura de zanjas para echar los cimientos de un edificio, dejan a veces, al descubierto, huesos, conchas de moluscos, o trozos de ámbar que conservan la impronta de algún insecto raro, y que por sus extrañas formas revelan la existencia remota de un mundo viviente ya extinguido.

Uno de los hallazgos más notables de todos los tiempos, fué el de un enorme mammut que apareció intacto en el año 1799 en las costas siberianas del océano Glacial, no lejos de la desembocadura del río Lena. El gigantesco animal, había permanecido más de 30.000 años sepultado entre témpanos de hielo, que lo conservaron de la descomposición. Al fundirse el hielo, el cadáver quedó completamente descubierto, tumbado en la arena.

La noticia de ese hallazgo se propagó rápidamente, llegando luego a oídos del paleontólogo Mikhail Adams o Michael Adams, que supo de su existencia cuando se encontraba en Yakutsk.

El curioso investigador emprendió de inmediato el viaje hacia el norte, haciendo su hallazgo con ayuda de Shumachov o Shumakov, un mercader que fue quien originalmente encontró los restos, tomando de allí solamente los colmillos del animal.

El animal en cuestión se había descongelado varios años atrás, y obviamente había sido presa de perros y lobos, pero conservaba casi toda la piel, con grandes mechones de pelo, y el esqueleto permanecía casi intacto.

Según la descripción del mercader, los colmillos del mamut, siguiendo su curvatura, darían una media de 9 pies de largo, y el cráneo, libre de los colmillos, un peso de 400 libras.

El Zar de Rusia compró el esqueleto por 8.000 rublos, donándolo a la Academia de Historia Natural de San Petersburgo.


Después de este hallazgo, aparecieron en las costas nórdicas de Siberia otros cadáveres de mamuts, descubiertos siempre de un modo fortuito, pues los naturales se enteraban de su presencia, por la afluencia de animales carniceros que acudían a comer la carne, la cual, protegida por los hielos y a pesar de sus tal vez treinta mil años, en algunos casos se conservaba en bastante buen estado.

Durante los trabajos de aperturas de zanjas, realizadas con fines militares desde 1860 a 1863, aparecieron en Amberes (Bélgica), numerosos restos de vertebrados de las épocas Terciaria y Cuaternaria, así como restos de ballenas, que dieron pábulo a la leyenda de los gigantes.

También en 1860, el esqueleto de un mamut fue encontrado cerca de Lier, y fue llevado al Real Instituto Belga de Ciencias Naturales, donde es exhibido desde 1869. En ese momento por cierto, y como ya se expresó, el único esqueleto de mamut expuesto al público se encontraba en San Petersburgo (Rusia).

En 1878, el mayor descubrimiento hasta la fecha de fósiles de Iguanodon, ocurrió en una mina de carbón en Bernissart (Bélgica). Por lo menos 38 ejemplares de Iguanodon fueron allí desenterrados, de los cuales 30 son exhibidos desde 1882 en el recién citado museo de Amberes.

Por su parte, la construcción de canales en Bélgica y Holanda, también dejaron al descubierto enormes cantidades de restos de mamíferos del período Mioceno y del período Glacial, los que en gran parte fueron trasladados al Museo de Bruselas.


En 1911, en Viena, se encontraron el cráneo y la mandíbula inferior de un colosal Deinotherium, un elefante primitivo de enorme cabeza, que al principio fue confundido con un gigantesco saurio.

Por su parte, en las canteras de piedra litográfica de Baviera, y especialmente en las de Solenhofen (o Solnhofen), explotadas desde 1738, se descubrieron preciosos ejemplares de crustáceos, peces, y otros fósiles, que facilitaron grandemente los estudios paleontológicos. A la izquierda, precisamente se puede apreciar un fósil de Archaeopteryx (o Arqueoptérix, ave primitiva), que se conservó con tal detalle, que sin duda puede catalogarse entre los más bellos y famosos fósiles del mundo.

También, las pizarras negras liásicas de Wurtemberg (o Wurttemberg), de donde el profesor Johann Behringer extrajo sus famosas piedras figuradas, constituyen por cierto un venero de restos fósiles, a pesar del fraude perpetrado por los ayudantes del citado profesor (por más detalles leer INTERPRETACIONES ERRÓNEAS DE LOS FÓSILES).

En los yacimientos de creta blanca de Petersberg (Alemania), conocidos desde la época de la dominación romana, se descubrió en el siglo XVIII el cráneo de un gigantesco reptil marino. Según los informes de Georges Cuvier, este cráneo medía un metro 30 centímetros de largo, y la longitud total del cuerpo superaba los doce metros.

Posteriormente también se encontraron en Bélgica, Holanda, Rusia, y Norteamérica, restos fosilizados de estos grandes lagartos acuáticos, que en su época, fueron los más grandes depredadores del mar.

Las minas de carbón guardan por cierto grandes depósitos de fósiles. A su explotación, se deben los hallazgos de insectos y arácnidos de las épocas más remotas. Ver en la imagen (abajo), la recreación del encuentro de los primeros restos fósiles de un Mosasaurus, que fueron descubiertos en una mina de piedra caliza cercana a la ciudad de Maastricht, en la Mosa (Bélgica), entre 1770 y 1780 (según fecha de distintas fuentes).


En las de formación reciente, se encuentran con frecuencia grandes rinocerontes prehistóricos, tapires, proboscidios, etcétera. La fauna fósil de mamíferos miocénicos de Göriach (Austria), Pyrmont (Australia), y Cadibona (Italia), fue descubierta durante la explotación de las respectivas minas carboníferas.

Casi todos estos hallazgos se refieren a las partes duras de animales prehistóricos, pues los tendones, músculos, vísceras, etcétera, sólo en condiciones excepcionalmente favorables son capaces de conservarse o de dejar trazas.

Los "mamuts siberianos" conservados en el hielo durante cientos de siglos, así como los "dinosaurios momificados" que aparecieron en las formaciones cretácicas de Norteamérica, son hallazgos insignificantes, si se los compara con el número de especies que abarcan los estudios paleontológicos.

De las mismas partes duras, no todas se preservan, y las pezuñas, garras, escamas, y cuernos, que son en realidad partes duras de los animales, suelen encontrarse sólo en forma de huellas, sobre rocas de grano finísimo y compacto.

En las pizarras liásicas de Suabia, se conservan formaciones cutáneas de los ictiosaurios fósiles, y en las calizas hojosas de Solnhofen, aparecen incluso impresiones de plumas y escamas (ver a la derecha un fósil de Geocoma carinata, un ofiuroideo de Solnhofen).

La conservación de los organismos del pasado, depende de factores muy diversos, pero principalmente de la composición del suelo en que se encuentran sepultados.

Las turberas, que más tarde suelen convertirse en depósitos de carbón; el loess, que es limo desecado y pulverizado de la época glacial; las tierras arcillosas que predominan en la Pampa; los pantanos asfálticos de California; las tierras calizas y las piedras oleaginosas; las lavas volcánicas; los hielos; etcétera, son medios apropiados para la conservación de fósiles.

En el ámbar amarillo, y sobre todo en la resina copal que es de formación más reciente (el primero es de la época Terciaria y ésta de la Glacial), los insectos sepultados en su interior se conservan íntegramente, facilitando así el estudio de todas sus partes.

Preservados del contacto con el aire, todos estos seres pueden conservar, durante miles de años, no sólo su esqueleto, sino también sus partes blandas.

La mayor parte de los hallazgos fosilíferos van a parar a los grandes Museos de Historia Natural.

En las secciones de Paleontología de los Museos de Norteamérica, de Londres, de París, de Bruselas, etcétera, pueden verse, alineados en extensas galerías, esqueletos de enormes mamíferos, peces, gigantescas aves, y variadísimos reptiles: caparazones de gigantescas tortugas y colosales armadillos; restos de corazas de inmensos dinosaurios; cráneos, dientes, y huesos, de animales enormes, así como también millares de conchas de gasterópodos, ammonites, y lamelibranquios, que se exhiben encerrados en elegantes y transparentes vitrinas.


En el Museo de La Plata, en Provincia de Buenos Aires (Argentina), uno de los más importantes del mundo, existen preciosos ejemplares de la fauna prehistórica de Sudamérica, procedentes en su mayor parte, de los yacimientos fosilíferos de Santa Cruz y de La Pampa. En la ilustración anterior, se muestra la reconstrucción de un Toxodonte, mamífero originario de Sudamérica, los que se extinguieron hace solamente 16,500 años, y que sin duda fueron cazados por humanos de aquellas épocas.



Agradecimiento y cierre:

Destacamos la invalorable colaboración de los ingenieros Juan Carlos Anselmi Elissalde y Aulo Fernando García Texeira en las ilustraciones que engalanan este artículo.

Se aclara además que todos los artículos de este sitio digital de autoría del suscrito Carlos Brunetto, tienen por objetivo principal el empoderamiento de las actividades educativas y de divulgación cultural, así que un importante esfuerzo ha sido hecho para presentar conceptos, descubrimientos, teorías, y conclusiones técnicas y socio-políticas, sin utilizar un rebuscado vocabulario propio de especialistas, y tratando de presentar las ideas con el mayor rigor posible aunque siempre buscando sencillez y fácil comprensión.

Esperando que este contenido haya sido de utilidad y agrado para los benévolos ciberlectores, como es habitual Brunetto se despide de todos con un fuerte abrazo, y hasta la próxima entrega.


sábado, 25 de diciembre de 2010

Recordando a Rodolfo V. Tálice y su lema "Vejentud, humano tesoro"


Edad del optimismo

En su libro “Vejentud, humano tesoro”, el uruguayo Rodolfo Vicente Tálice proponía la sigla ROSADA para recordar las seis mayores virtudes a ser cultivadas para el buen envejecer:

Régimen ecléctico
Optimismo incambiado
Sobriedad dosificada
Actividad continua
Deseos muchos
Adaptación permanente

Cada virtud o actitud o esfuerzo merece un análisis aparte. Pero el optimismo surge como el más problemático. Por definición, optimismo es una inclinación a un juicio positivo de los acontecimientos. O propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable. Esto implica ver solo el lado bueno de las cosas. Lo cual es temerario y peligroso.


Algunos filósofos como Spinoza y Pope sostenían la doctrina que cree en la existencia del bien, únicamente, pues el mal no es más que una apariencia. El más radical fue Leibnitz quien afirmaba que el mundo en cada momento, era el mejor de los mundos posibles, y la existencia del mal no era más que un bien preferible a la nada. Fue Voltaire en su obra ‘Cándido’ quien popularizó el término optimismo, ridiculizando las ideas de Leibnitz. Pero no fue el único.


Negar una parte de la realidad no impide que el lado malo esté allí, mal que nos pese. Es típico de los maniqueos, para quienes las cosas son buenas o malas, sin matices. El maniqueísmo es una actitud muy primitiva del ser humano. La palabra maniqueo y maniqueísmo provienen del persa Mani, una especie de dios autoproclamado sucesor de Buda, Zoroastro y Jesucristo, creador de la secta maniquea a la que perteneció nada menos que San Agustín, la que también influyó sobre los cruzados y los cátaros. La psiquiatría tomó de este término la designación de una fase de exaltación y euforia de los maniaco-depresivos.


El optimismo no es equiparable al maniqueísmo. Y el optimismo que nos propone Tálice es una actitud que consiste en no ignorar lo malo de la realidad, sino en enfatizar una visión positiva de la existencia, sin dejarse arredrar ni vencer por las dificultades.

El optimista trata de enfrentar los problemas con fe y esperanza, no con derrotismo o pesimismo, que es el antónimo del optimismo. El optimista cree en el futuro. Confía en que las cosas tienen arreglo, que hablando se entiende la gente o que no se puede desconfiar de todo y de todos. Pero tampoco es un cándido en el sentido de Voltaire, o un iluso o un crédulo. Simplemente, el optimista le da crédito a la gente y a la vida.


Si las cosas no se resuelven en la forma que se esperaba o como se planeaba, se poseen recursos suficientes para restañar las heridas o reparar las pérdidas. O para hacer el duelo por las culpas y enfrentar una nueva instancia, acumulando experiencia y salir adelante, siempre con optimismo. No con la sombría visión de que un fracaso o un gesto de confianza no correspondido deban ser motivo de descreer para siempre, de renunciar a la fe en la gente o en el futuro. Hay gente que pierde amistades de años por una sola decepción pequeña.

Claro que si el optimista exagera, niega la realidad y no acumula experiencia y comete un error tras otro, termina siendo el hazmerreír de todos y una desgracia para sí mismo y su familia. Es lo que le pasa a quienes están enfermos de manía o hipomanía. Con optimismo, el límite de lo real es delgado, pero es bien claro: no se pierde la autocrítica, se escucha a los demás, se percibe la realidad en su totalidad con todos sus matices, sin despreciar ninguno.


Ser optimista no es ser tonto ni negador de una realidad evidente. No es expresión de tozudez o porfía irracional. No es ser un vanidoso omnipotente y despectivo ante el peligro o las dificultades. No significa no tener miedo, sino manejarlo. Y significa que no se puede soslayar la evidencia o los signos inequívocos de que la tarea es imposible.

Optimismo equivale a equilibrio, a efectuar una justa y sana evaluación de los aspectos malos y buenos de la realidad, y si el análisis es favorable sin autoengaños, emprender la tarea con toda confianza y alegría. Con optimismo se llega a la conclusión que ese esfuerzo puede llevar al éxito, sin perder de vista que también existe la posibilidad del fracaso, si el cálculo o los términos de la ecuación variaban o se modificaban.


No debe confundirse el optimismo con el empecinamiento irreflexivo o supersticioso.

La idea frecuentemente fomentada de que basta con desear algo para hacerlo posible, o que lo único válido es ‘manejar buenas ondas’, o tener ‘pensamientos positivos’ frente a todo, están muy extendidas y se expresan de diversas maneras. No puede negarse el efecto positivo que se obtiene de rescatar lo bueno de las desgracias más terribles y de poner “al mal tiempo buena cara”. Pero no basta la actitud.


La persona vieja ha conocido muchos ciclos de vida con sus vaivenes, miserias y momentos jubilosos, con sus éxitos y fracasos, famas y caídas en desgracia, como para moderar el optimismo tanto como el pesimismo.

Ser realista no es ser pesimista. El pesimista ve solo el lado malo de las cosas, y no cree ni confía en nadie ni en nada, para él toda empresa es imposible o muy difícil, ante la menor dificultad se repliegan, se desdoblan, se amargan, se dispersan, se retiran, renuncian a la empresa.


Los optimistas pueden equivocarse, pero son emprendedores y generalmente lideran los grupos humanos que integran, porque insuflan su entusiasmo y su alegría a los demás, neutralizando a los pesimistas, que siempre hay. Pero también son generosos con sus energías y recursos, serviciales sin pereza, constantes en sus esfuerzos, laboriosos y humildes. Por eso su optimismo es contagioso o actúan como una levadura en la sociedad en que viven.

Los pesimistas no creen en el progreso y todo avance de la sociedad, de la ciencia, de las artes, lo ven como una amenaza, un peligro. En cambio, los optimistas creen en el ser humano y sus creaciones, en su riqueza cultural y antropológica, y esperan lo mejor de cada avance que festejan sin reparos, aunque reconozcan que pueden no ser tan auspiciosos como se percibe en el momento del descubrimiento o del avance en sí.

Los optimistas verdaderos son los que señalan los límites de los triunfos. Los que le dicen por lo bajo al triunfador: “acuérdate que eres un mortal” como en los desfiles romanos a los centuriones.


Los pesimistas pinchan los globos de nuestra fantasía, pero también de nuestras realidades más verdaderas. Los optimistas cargan nuestros globos de fantasía con aire caliente por la energía de su propia fe y su propia esperanza. Y los mantienen arriba con entereza y bien prendidos del hilo que los sostienen, no los dejan escapar. Las utopías serían inútiles si no existieran los optimistas que las hacen realidades.


La vida es bella

Grifos, dragones, basiliscos, serpientes de mar, monstruos legendarios rodeados de encanto y misterio, desmitificados por la ciencia mediante explicaciones sencillas, claras y contundentes / Rica galería de imágenes acompañan este texto


Supersticiones y leyendas: Historias que nos vienen de la noche de los tiempos, y también mecanismos aún día activos, a pesar de la cultura racional en la que estamos inmersos, a pesar de las ventajas que nos da la perspectiva histórica, a pesar del gran avance que sin duda nos brinda el conocimiento científico

Desde épocas inmemoriales, el hombre conoce la existencia de seres petrificados, en torno a los cuales se han tejido numerosas supersticiones y leyendas. Algunas de estas leyendas datan de tiempos remotísimos, y nos llegan resonando en los cantos épicos de la Antigua Grecia.


Homero, el ciego rapsoda griego, cuenta que en Sicilia vivían hombres gigantescos, los cíclopes (los soberbios, los sin ley), que no tenían más que un ojo incrustado en el medio de la frente. En el canto noveno de la Odisea, refiere como Ulises, en sus andanzas por tierras sicilianas, buscó refugio en una cueva que resultó ser la guarida de Polifemo, uno de los gigantes más formidables de esa raza imaginaria.


Esta leyenda tuvo su origen en los hallazgos de unos cráneos de elefante, catalogados en nuestra época como pertenecientes a una especie de elefantes enanos, de los que todavía se encuentran restos en las cavernas que existen en la isla, no lejos de la costa.

La forma abombada de estos cráneos, que les daba cierto parecido con el del hombre, y el hueco de las fosas nasales, abierto a la altura de la frente por la desaparición de las materias blandas de la nariz, dieron pábulo a la leyenda de esos enormes cíclopes, que medían hasta 300 pies de largo y no tenían más que un ojo.


Esta leyenda subsistió hasta fines del siglo XVIII, y resulta muy curioso que hombres eminentes de la época, hayan participado también de esta creencia.


En el siglo XIV, el gran humanista y escritor italiano Giovanni Boccaccio, habla del descubrimiento de los restos del gigantesco cíclope Polifemo, hallados en una caverna de Trápani, en Sicilia.

JUAN  BOCACCIO

Poeta y literato italiano, uno de los más grandes prosistas de su época (1313-1375). 

Fue el primero que comentó a Dante,  y ejerció una considerable influencia en la literatura italiana.

En la "Genealogía de los dioses" realizó uno de los más completos trabajos sobre mitología grecorromana.

Su obra cumbre es el "Decamerón", colección de cien cuentos que le ha dado fama universal. 


Recuérdese que en la antigüedad se pensaba que algunas islas sicilianas estaban habitadas por cíclopes, y entre ellos el famoso Polifemo.

Cerca del pueblito AciCastello y de los otros 8 pueblos con nombres similares, AciTrezza, AciReale, AciCatena, AciPlatani, AciSanFilippo, AciSantaLucia, AciBonaccorsi, AciSant'Antonio, se encuentra la llamada Ribera de los Cíclopes ("Riviera dei Ciclopi"), donde quedan aún restos de la furia de Polifemo, ese monstruoso ser que logró apresar a Ulises y a su tripulación, pero éste logró cegar el único ojo del gigante y escapó. El cíclope lanzó entonces grandes piedras al héroe que huía por el mar, y he aquí la explicación de los escollos que adornan esa zona del litoral italiano con sus llamativas formas arrojadizas.


Y en 1664, el sabio y famoso jesuita Athanasius Kircher (1601-1680), autor de numerosas obras de erudición, y además políglota y estudioso orientalista, todavía pudo ver los mencionados restos, y manifiestó que, a su juicio, los gigantescos sicilianos no medían más de 30 pies de altura y no 300 pies, como Giovanni Boccaccio había estimado.

ATANASIO  KIRCHER

Jesuíta y polígrafo alemán, autor de numerosas y valiosas obras de erudición. Fue inventor de un espejo ustorio, del pantómetro, de la linterna mágica, etc.  Investigó los jeroglíficos egipcios, y sostuvo con fundamento, que constituían un verdadero sistema de escritura, y no simples elementos decorativos, como en esa época se admitía.

En su mente prodigiosa reunió una asombrosa suma de conocimientos.

Su privilegiada inteligencia le permitió dominar en toda su extensión, el saber de su tiempo. Un verdadero sabio del siglo XVII.

En todos los tiempos y lugares, el hallazgo de curiosos fósiles de grandes dimensiones, sin duda ha dado origen a las más pintorescas fábulas, vinculadas unas con la existencia de gigantes, y otras con la de terribles dragones o con la de otros seres gigantescos y fabulosos.

El  Grifo, (del griego Gryphós, retorcido) animal fabuloso, mitad águila, mitad león. Pudo haber sido imaginado a partir de osamentas fosilizadas de animales gigantescos, de épocas pretéritas.

Brisinga : animal marino a modo de estrella de mar, de gran  tamaño, de color anaranjado o rojizo, de nueve a trece tentáculos, abundante en los mares boreales de Europa, especialmente en el golfo de Vizcaya. Pudo haber dado origen a la leyenda del Kraken, el famoso calamar gigante de los cuentos de marineros.


En 1616, se descubrieron en el Delfinado, cerca del Castillo de Chaumont (Chaumont-sur-Loire, Francia), huesos de grandes dimensiones que un médico cirujano llamado Pierre Mazuyier (de Beaurepaire), adquirió para exhibir públicamente. El propietario de los huesos afirmaba haberlos encontrado en un sepulcro de 30 pies de longitud, sobre el cual estaba escrito el nombre de "Theutobocus", rey de los cimbrios (o cimbros), muerto en lucha contra el famoso y legendario Caius Marius (o Cayo Mario).

Sin duda, durante varios años este médico charlatán sostuvo la expectación de los hombres de ciencia, dando lugar a numerosas controversias.

Los restos del presunto "Theutobocus", resultaron ser los de un Dinotherium (o Deinotherium), un primitivo elefante de enorme cabeza, con las defensas curvadas hacia abajo, lo que le permitía desgajar la corteza de los árboles y remover las raíces vegetales, que constituían el alimento de este enorme elefante de la Era Terciaria. Estos huesos se conservan todavía en al Jardín de Plantas de París.


La leyenda del "Gigante de Lucerna" en Suiza, tiene su origen en unos huesos de gran tamaño, que aparecieron en 1577 debajo de una encina arrancada de cuajo por una tempestad, y que pertenecieron a un animal gigantesco de épocas pretéritas.

El "gigante de Krems" en Austria, fue descubierto en 1645, al ensanchar los fosos defensivos de la ciudad, en los que aparecieron huesos de colosales dimensiones.

Los escritos que tratan sobre gigantes, fueron muy numerosos hasta el siglo XVIII. En cualquier lugar en que aparecían grandes huesos, surgía la idea de los hombres gigantescos, lo que explica que no haya un país que no cuente con su gigante nacional.

El famoso naturalista francés, Georges Léopold Chrétien Frédéric Dagobert Cuvier, barón de Cuvier, en su notable obra "Recherches sur les ossements fossiles de quadrupèdes" publicada en 1821, hace un resumen de los numerosos datos bibliográficos que existen sobre los hallazgos de gigantes, demostrando que en la mayoría de los casos, los huesos que dieron pábulo a la leyenda eran de grandes proboscidios, aunque en ciertos lugares como por ejemplo en Amberes, la fábula del gigante Antígono debió tener origen en el hallazgo de restos de ballenas.

Con las leyendas de gigantes circularon también las de los basiliscos y dragones, que llenaron la fantasía popular desde la Edad Media.

En una casa de la calle de Schoenlatern, en Viena, existe aún la "vera efigie" de un terrible basilisco.

Pero según lo demostrado por Sess en 1862, este raro ejemplar de monstruo es una simple e inofensiva concreción de arenisca, encontrada en 1212 en un manantial que brotaba en terrenos pliocénicos, y del que se desprendía gas sulfhídrico.

Sin duda este gas es el "aliento venenoso" al que se refiere la leyenda.


En 1587, en Polonia, el estado más extenso de Europa en esa época, varios hombres encontraron la muerte en un lugar donde se produjo un desprendimiento de gas carbónico. Y esto dió origen a la leyenda del "basilisco de Varsovia". Nótese que en otras partes se creía que el basilisco mataba con los ojos en lugar de hacerlo con el aliento, o además de hacerlo con el aliento.


La creencia en la existencia de dragones, dotados de fuerzas sobrenaturales y capaces de devorar todo un regimiento, por cierto data también de tiempos remotísimos.


El dragón de Klagenfurt, que tiene nada menos que una estatua conmemorativa en una de las plazas de la ciudad, fue encontrado en un lugar que todavía hoy se conoce como "la cueva del dragón". El cráneo de este monstruo, se exhibió al público en la Casa Consistorial, colgado de una cadena, y sirvió de modelo al artista que en 1590 erigió su monumento.

Pero el tal monstruo, resultó ser "un colosal rinoceronte de los tiempos cuaternarios", y cuyo cráneo original hoy día se conserva en el Museo de Klagenfurt.




En el catálogo paleontológico del Colegio Benedictino de Krems (Austria), aparece citado un dragón que fue hallado en el siglo XVIII, y que resultó ser el cráneo de un formidable "oso de las cavernas".

Las tan pintorescas leyendas alemanas de dragones, probablemente se deben a los hallazgos de restos fósiles de saurios, tan abundantes en la parte meridional de esta nación.


El escritor y geólogo alemán Friedrich August Quenstedt, destaca la semejanza que existe entre la efigie del dragón que se guarda en la iglesia de Tübingen, y los restos de saurios que aparecen con frecuencia en las excavaciones del Néckar.

Desde tiempos remotísimos, los chinos consideran los dientes y huesos fósiles de mamíferos prehistóricos como pertenecientes a dragones. De tales restos, existen en el interior de China cantidades enormes, que incluso se han explotado comercialmente, por las virtudes curativas que supuestamente se les atribuyen.

En efecto, en un tratado médico del siglo XVIII, se enumeran las diversas enfermedades que pueden ser combatidas por medio de esos raros agentes terapéuticos. Las farmacias y droguerías chinas, contuvieron en su momento enormes reservas de esos "medicamentos" fósiles.

Estas supersticiones que atribuyen propiedades curativas a los fósiles, por cierto no son exclusivas de los chinos.


Los cuernos del "Unicornio" como se llamaba hasta el siglo XVIII, tanto en Austria como en Alemania, a las defensas del Mamut, que con frecuencia se encuentran en el loess de esos países, se empleaban en farmacia, para combatir los efectos de las intoxicaciones y mordeduras de animales.

Y en las comarcas campesinas de la Baja Austria, todavía hoy subsiste la leyenda del Unicornio y de las virtudes medicinales de su único cuerno.


En varias comarcas centro-europeas, se atribuyen a los fragmentos de caliza, en los que aparecen incrustadas conchas fósiles de moluscos, efectos estimulantes contra la modorra del ganado, y por ello se los colocan en los abrevaderos.

Y en otras partes, se considera a dichas conchas como una especie de aspirina.

En la China se conserva también, desde tiempo inmemorial, la tradición de que el Mamut, al que llaman Tin-schu, es un animal de vida subterránea. En una Historia Natural del siglo XVI se lee lo siguiente: ««El Tin-schu reside solamente en los parajes oscuros y solitarios, y muere cuando los rayos del Sol o de la Luna caen sobre él. Sus patas son cortas en relación con el tamaño de su cuerpo, por lo cual camina trabajosamente. Sus ojos son pequeños y su cuello arqueado. Es sumamente estúpido y perezoso.»»

Para muchísimos chinos, el Mamut vive todavía, aunque nunca han podido ver más que sus huesos.

Una creencia similar existe en las Pampas, con respecto a los mamíferos de los que se encuentran restos fósiles en abundancia.

Cuando Darwin viajó por la Argentina en 1833, los pampeanos le dijeron que, para ellos, esos grandes animales debían vivir en cuevas subterráneas, como lo hacen actualmente las vizcachas.

Obviamente resulta curiosa esta coincidencia de opiniones, entre pueblos tan lejanos y de cultura diferente, que interpretan un hecho análogo con la misma simplicidad.

Los restos fosilizados de enormes animales de los tiempos pretéritos, han dado pábulo a las ricas leyendas que hasta el siglo XVIII, circularon acerca de gigantes y dragones: muchos de estos huesos petrificados corresponden a grandes "saurios" del Mesozoico; otros en cambio pertenecieron a monstruosas criaturas marinas; otros finalmente a inmensos mamíferos del Cenozoico (eras Terciaria y Cuaternaria)







Imágenes de supuestos gigantes tal como fueron concebidos por la fantasía y la imaginación popular durante el Medioevo, partiendo del hallazgo de huesos de grandes animales del pasado


Último momento: Si bien la información aún debe ser confirmada, un inesperado descubrimiento antropológico del que todavía deben ser hechas pruebas de ADN, parece confirmar la existencia de gigantes en los tiempos bíblicos

Primero que nada recordemos que Génesis 6:4 dice: ««Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.»»

Y en Números 13:33, en un informe dado por los espías de Moisés sobre la Tierra de Canaán, decían: ««También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.»»

Y luego en 1 Samuel 17:4 se habla del gigante Goliat, que David mató con una piedra con su honda y dice de él: ««Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo.»»

Observen ahora las siguientes fotos, que reportan el momento mismo de las excavaciones, y cuando todavía no se podían hacer ni pruebas de ADN, ni estudios más profundos sobre los restos encontrados.



Rich Buhler, un locutor cristiano en la radio KBRT AM 740, por un lado aseguró que los gigantes de las épocas bíblicas realmente existieron, pero por otro lado quitó crédito al recién referido descubrimiento arquelógico, pues concretamente opinaba de que se trataba de un “Urban Legend”, o sea una Leyenda Urbana, que circuló en torno a los supuestos recientes y espectaculares hallazgos de Grecia y de Arabia Saudita.

Y concretamente, sobre estos dos gigantes encontrados en Grecia y Arabia Saudita y documentados en las fotos anteriores, Buhler decía que no son pruebas de lo que hay en Génesis 6:4, Números 13:33, y 1 Samuel 17:4. Y Buhler afirmaba ello con seguridad y soltura, pues sabía que las fotos realmente formaron parte de un concurso de fotografía, y que fueron sacadas del sitio http://www.worth1000.com

O sea, las supuestas instantáneas tomadas en Grecia, formaron parte de una competicion en el año 2002 de "Archaeological Anomalies 2." Y el artista que creó esas imágenes fue “Ironkite”, por ello habiendo ganado el tercer lugar, o sea la medalla de bronce.

La información también puede ser verificada en el sitio Snopes, dirección electrónica http://www.snopes.com/photos/odd/giantman.asp


Atención, obviamente no es posible creer en todas las informaciones que circulan por Internet, y lo que corresponde es siempre verificar un dato, un hecho, una conclusión, por distintas vías y fuentes.


Agradecimiento y cierre:

Destacamos la invalorable colaboración de los ingenieros Juan Carlos Anselmi Elissalde y Aulo Fernando García Texeira en las ilustraciones que engalanan este artículo.

Se aclara además que todos los artículos de este sitio digital de autoría del suscrito Carlos Brunetto, tienen por objetivo principal el empoderamiento de las actividades educativas y de divulgación cultural, así que un importante esfuerzo ha sido hecho para presentar conceptos, descubrimientos, teorías, y conclusiones técnicas y socio-políticas, sin utilizar un rebuscado vocabulario propio de especialistas, y tratando de presentar las ideas con el mayor rigor posible aunque siempre buscando sencillez y fácil comprensión.

Esperando que este contenido haya sido de utilidad y agrado para los benévolos ciberlectores, como es habitual Brunetto se despide de todos con un fuerte abrazo, y hasta la próxima entrega.

La leyenda del Sol y la Luna

Antes de que hubiera día en el mundo, se reunieron los dioses en Teotihuacan.

- ¿Quién alumbrará al mundo? -preguntaron-.

Un dios arrogante que se llamaba Tecuciztécatl, dijo:

- Yo me encargaré de alumbrar al mundo.

Después los dioses preguntaron:

- ¿Y quién más? -Se miraron unos a otros, y ninguno se atrevía a ofrecerse para aquel oficio-.

- Sé tú el otro que alumbre -le dijeron a Nanahuatzin, que era un dios feo, humilde y callado, y él obedeció de buena voluntad.

Luego los dos comenzaron a hacer penitencia para llegar puros al sacrificio. Después de cuatro días, los dioses se reunieron alrededor del fuego.

Iban a presenciar el sacrificio de Tecuciztécatl y Nanahuatzin. entonces dijeron:

- ¡Ea pues, Tecuciztécatl! ¡Entra tú en el fuego! -Él hizo el intento de echarse, pero le dio miedo y no se atrevió-.

Cuatro veces probó, pero no pudo arrojarse

Luego los dioses dijeron:

- ¡Ea pues Nanahuatzin! ¡Ahora prueba tú! -Y este dios, cerrando los ojos, se arrojó al fuego-.

Cuando Tecuciztécatl vio que Nanahuatzin se había echado al fuego, se avergonzó de su cobardía y también se aventó.

Después los dioses miraron hacia el Este y dijeron:

- Por ahí aparecerá Nanahuatzin Hecho Sol. -Y fue cierto-.

Nadie lo podía mirar porque lastimaba los ojos.

Resplandecía y derramaba rayos por dondequiera. Después apareció Tecuciztécatl hecho Luna.

En el mismo orden en que entraron en el fuego, los dioses aparecieron por el cielo hechos Sol y Luna.

Desde entonces hay día y noche en el mundo.


Titanes y gigantes

Se recomienda sinceramente disfrutar del vídeo al que se accede a través del enlace que se indica seguidamente.

http://www.laplegariadeunpagano.com/2010/11/gigantes-en-la-antiguedad-oopart.html

El matador manchado

Por su gran calidad e interés, se destaca una serie de la RTVE relativa a la naturaleza y en episodios, y que en su tiempo inauguró una nueva forma de divulgación científico-cultural. Fue dirigida por Félix Rodríguez de la Fuente, y se divide en la Serie Sudamericana rodada en Venezuela y emitida por primera vez en 1974, la Serie Ibérica con tres partes y una cuarta inconclusa (1975-1978, y 1980), y la Serie Norteamericana rodada en Canadá y en Alaska (1979 y 1980).

A continuación se especifica una dirección electrónica que permite acceder a muchos de estos interesantes capítulos.

Enlace: http://www.rtve.es/podcast/radio-nacional/la-aventura-de-la-vida/

Entre los episodios de mayor interés se destaca "El matador manchado". En esta presentación, Félix Rodríguez de la Fuente, conductor de la serie, se refiere específicamente a los cuentos de terror.

Historias nocturnas que ponen la carne de gallina, y en donde se relatan posibles ataques de fieras.

La narración se estructura en la frase "Comer y no ser comido", ley para la supervivencia. Aquí en particular se narra la capacidad de los leopardos de convertirse en uno de los mayores matadores del planeta. Una historia trágica y por cierto conmovedora, a la que puede accederse activando la siguiente dirección electrónica.

Enlace: http://media6.rtve.es/resources/TE_SLAAVET/mp3/6/4/1293098005346.mp3